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¿Ataque de pánico o infarto? Por qué se sienten tan parecidos

  • 12 Tiempo mínimo de lectura
Panikattacke oder Herzinfarkt? Warum sich beides so ähnlich anfühlen

¿Por qué se parecen tanto un ataque de pánico y un infarto?

El dolor en el pecho, las palpitaciones, la dificultad para respirar y una sensación repentina de pánico intenso pueden aparecer tanto en un ataque de pánico como en un infarto. Es precisamente esta similitud lo que hace que la situación sea tan aterradora. Sin embargo, en casa no se puede distinguir con certeza un infarto de un ataque de pánico basándote solo en los síntomas.


1. Cuando el dolor en el pecho te da de repente un miedo a morir

A veces, basta con una sensación desagradable en el pecho para que, en cuestión de segundos, te invada un miedo tremendo. El corazón empieza a latir más rápido, la respiración cambia y enseguida te viene el pensamiento: «¿Me está dando un infarto?».

En un ataque de pánico, este miedo puede parecer muy real. El ataque suele empezar de repente y va acompañado de una intensa reacción de alarma, tanto física como psicológica. Además de palpitaciones o taquicardia, pueden aparecer dolores en el pecho o una sensación de opresión, dificultad para respirar, temblores, sudoración, mareos y náuseas. Algunas personas afectadas también sienten hormigueo, sofocos o la sensación de que lo que les rodea no es real. Es especialmente característico el miedo intenso a perder el control o a morir.

Pero ahí radica precisamente el problema: un infarto de miocardio también puede provocar miedo a morir, dolor en el pecho, dificultad para respirar, mareos y sudoración. A menudo se suma una marcada sensación de presión u opresión en el pecho. Por eso, sobre todo si se trata de molestias en el pecho que aparecen por primera vez o que son muy intensas, no hay que dar por sentado que «solo es cosa de la mente». Incluso las personas que ya han sufrido ataques de pánico pueden desarrollar una enfermedad física al margen de ello.


2. Por qué pueden aparecer taquicardias, dificultad para respirar y mareos en ambos casos

Que ambos estados se perciban de forma similar no significa que en el cuerpo ocurra lo mismo. Durante un ataque de pánico, el sistema de alarma del cuerpo se activa con fuerza. La ansiedad puede volverse muy intensa en poco tiempo y provocar numerosos cambios físicos. Precisamente la respiración acelerada puede favorecer además molestias como mareos u hormigueos. A su vez, los síntomas que se perciben pueden reforzar el temor de que algo no vaya bien con el corazón, lo que hace que el pánico aumente aún más.

En cambio, en un infarto de miocardio se trata de un problema físico agudo. Una arteria coronaria está obstruida, por lo que una parte del músculo cardíaco ya no recibe suficiente oxígeno. Sin un tratamiento rápido, el tejido del músculo cardíaco puede morir. Por eso, un infarto de miocardio pone en peligro la vida y requiere atención médica inmediata. Aun así, la similitud de los síntomas puede hacer que, al principio, ambas situaciones se perciban de forma casi idéntica para quienes las sufren.

Y precisamente por eso, la regla más importante en este tema es muy sencilla: si sospechas que tienes un infarto de miocardio, sobre todo si tienes un dolor de pecho nuevo o intenso, llama inmediatamente al 112. No esperes a ver si los síntomas desaparecen por sí solos. El portal federal de salud recomienda expresamente llamar al 112 si tienes dolor en la zona del pecho.


¿Ataque de pánico o infarto de miocardio?


¿Ataque de pánico o infarto de miocardio? ¿Qué diferencias hay?

A pesar de que los síntomas son similares, hay características que aparecen con más frecuencia en un ataque de pánico o en un infarto de miocardio. Pueden ayudarte a distinguir entre ambos, pero no descartan de forma fiable un infarto de miocardio. Para eso se necesitan, entre otras cosas, pruebas médicas como un electrocardiograma (ECG) y análisis de sangre.


1. En qué pueden diferir los síntomas

En un infarto de miocardio, suelen predominar los síntomas intensos en la zona del pecho. Las personas afectadas pueden sentir una presión marcada, opresión o ardor detrás del esternón. El dolor puede irradiarse a otras partes del cuerpo, por ejemplo, a uno o ambos brazos, los hombros, la espalda, el cuello, la mandíbula o la parte superior del abdomen. A esto se pueden sumar dificultad para respirar, náuseas, palidez y sudor frío.

En un ataque de pánico también pueden aparecer opresión o dolor en el pecho. A menudo se suman taquicardia, respiración acelerada, mareos, temblores, sudoración u hormigueo. Es especialmente típico la sensación repentina de una gran amenaza: algunas personas están convencidas en ese momento de que van a morir, desmayarse o perder el control.

Aun así, sería peligroso hacer una comparación del tipo «un dolor opresivo significa infarto de miocardio, un dolor punzante significa ataque de pánico». Un infarto de miocardio puede manifestarse de diversas formas. No todas las personas afectadas tienen el clásico dolor intenso en el pecho, y el tipo y la irradiación del dolor también pueden variar. Además, en algunas personas los infartos de miocardio provocan síntomas menos típicos. Esto afecta, entre otros, con mayor frecuencia a las mujeres, a las personas mayores y a quienes tienen diabetes. En algunos casos, la dificultad para respirar, las náuseas, la debilidad o el cansancio extremo pueden llamar más la atención que el clásico dolor en el pecho. Por eso, un solo síntoma no basta para distinguir entre un ataque de pánico y un infarto de miocardio.


2. Lo que puede revelar la evolución temporal

La evolución también puede dar pistas. Un ataque de pánico suele empezar de repente y alcanza una intensidad elevada en poco tiempo. Según Gesundheitsinformation.de, un ataque de pánico suele durar entre 10 y 20 minutos. Después, la fuerte reacción de alarma suele remitir. Esto explica por qué algunas personas afectadas, al echar la vista atrás, reconocen un patrón muy claro: en pocos minutos surge un miedo intenso, los síntomas físicos alcanzan su punto álgido y, a continuación, la intensidad va disminuyendo poco a poco.

En cambio, en un infarto de miocardio, los síntomas pueden persistir. Pero aquí también se aplica lo mismo: el reloj no es una prueba fiable para autodiagnosticarte. Un infarto de miocardio puede desarrollarse de distintas formas y los síntomas pueden variar. Por el contrario, algunos síntomas de un ataque de pánico pueden notarse durante más tiempo que la propia fase de máxima angustia. Por eso, nadie que tenga un dolor de pecho nuevo debería esperar 20 o 30 minutos para ver si es «solo un ataque de pánico». Justo en el caso de un posible infarto, esperar te hace perder un tiempo muy valioso. Si sospechas que tienes un infarto agudo, es fundamental recibir atención médica rápidamente,


3. Por qué son importantes los síntomas acompañantes

No solo el dolor de pecho en sí mismo es relevante para la evaluación médica. También es importante qué otros síntomas aparecen al mismo tiempo y en qué contexto se han producido. Una fuerte presión u opresión en el pecho, junto con dificultad para respirar, náuseas, palidez o sudor frío, pueden ser señales de alerta de un infarto de miocardio. También hay que tomarse en serio la irradiación del dolor hacia los brazos, la espalda, el cuello, la mandíbula o la parte superior del abdomen.

En cambio, en un ataque de pánico suelen aparecer sensaciones adicionales como temblores, hormigueo, mareos o una sensación de irrealidad. Una respiración alterada y acelerada puede intensificar aún más algunos de estos síntomas.

Pero ni siquiera estos síntomas acompañantes marcan una línea divisoria clara. Por ejemplo, los sudores, la dificultad para respirar, los mareos y la ansiedad intensa pueden aparecer en ambos casos. Por eso, el mensaje más importante de esta comparación no es que te aprendas de memoria todas las diferencias posibles. Más bien es este: si los síntomas son nuevos, intensos o inusuales y no se puede descartar con certeza un infarto de miocardio, hay que tratar la situación como una posible urgencia médica.


¿Qué ocurre en el cuerpo durante un ataque de pánico?

Un ataque de pánico puede dar la sensación de que el cuerpo se ha descontrolado de repente. De hecho, se produce una intensa reacción de miedo: el ritmo cardíaco, la respiración y la atención cambian en muy poco tiempo. Resulta especialmente angustioso cuando estas reacciones físicas se perciben como un signo de peligro inminente.


1. Cuando la reacción de miedo se nota físicamente

El miedo no es solo un sentimiento. Desencadena en el cuerpo una serie de reacciones que, en un principio, sirven para estar preparado ante un posible peligro. El corazón late más rápido, la respiración puede acelerarse, los músculos se tensan y la atención se centra cada vez más en posibles amenazas. Durante un ataque de pánico, esta reacción de alarma se manifiesta con especial intensidad. Esto puede explicar por qué los síntomas se perciben de forma tan inmediata a nivel físico. Las palpitaciones, la opresión en el pecho, la dificultad para respirar, los mareos, los temblores y la sudoración no son sensaciones imaginarias: las personas afectadas perciben realmente cambios físicos claros.

Además, una respiración rápida o superficial puede agravar los síntomas. Algunas personas sienten entonces, por ejemplo, mareos u hormigueo en las manos y los dedos. Al mismo tiempo, puede surgir la sensación de no tener suficiente aire, aunque precisamente ese cambio en la respiración puede formar parte de la reacción de miedo. Lo complicado es que, cuando experimentas estos síntomas por primera vez, en ese momento no sabes qué los está provocando. E incluso si ya has tenido ataques de pánico antes, no debes dar por hecho automáticamente que las molestias nuevas o inusuales en el pecho tengan la misma causa. Por eso, la explicación de un ataque de pánico nunca debe servir para descartar por tu cuenta un posible infarto.


2. Cómo las palpitaciones pueden provocar aún más miedo

En los ataques de pánico, a menudo no solo influye la reacción física en sí, sino también el significado que le das. El corazón empieza a latir más rápido. Te viene el pensamiento: «Algo le pasa a mi corazón». Y eso aumenta el miedo. El cuerpo reacciona aún con más intensidad. Y esas palpitaciones, cada vez más evidentes, parecen confirmar finalmente que, de verdad, está pasando algo peligroso. Así, en poco tiempo puede crearse un círculo vicioso de sensaciones corporales, interpretación amenazante y miedo creciente. La guía S3 sobre trastornos de ansiedad también describe este «modelo del círculo vicioso del miedo» como parte de la psicoeducación en los trastornos de pánico.

Además, justo después de un ataque muy intenso, puede aumentar la atención que prestas a tu propio cuerpo. Es posible que notes de inmediato un solo latido fuerte, un ligero cambio en la respiración o una breve sensación de mareo. El pensamiento «Ya empieza otra vez» puede provocar ya un nuevo ataque de ansiedad. Si los ataques de pánico son recurrentes, puede surgir un miedo al miedo. Las personas afectadas ya no solo temen el ataque en sí, sino también cuándo y dónde podría ocurrir el siguiente. Por eso, algunas empiezan a evitar ciertos lugares o situaciones. Los ataques de pánico recurrentes e inesperados, junto con la preocupación constante por sufrir más ataques o el comportamiento de evitación correspondiente, pueden indicar un trastorno de pánico. Sin embargo, es importante diferenciar entre esta explicación y una situación aguda: si acabas de tener molestias nuevas o intensas en el pecho, no deberías intentar determinar, basándote en un supuesto «círculo vicioso de la ansiedad», que «solo es pánico». En caso de un posible infarto de miocardio, primero hay que descartar médicamente cualquier causa física.


¿Cuándo debes actuar de inmediato si tienes dolor en el pecho?

Cuando hay posibles síntomas de infarto, el tiempo es clave. Por eso, no debes intentar averiguar por tu cuenta qué hay detrás de las molestias basándote en el tipo de dolor, la duración o los ataques de pánico que hayas tenido antes. Si sospechas que puedes estar sufriendo un infarto, llama inmediatamente al 112.


1. Ante qué señales de alerta debes llamar al 112

Hay que tomarse muy en serio los dolores intensos, la opresión o una sensación marcada de opresión en el pecho. Las molestias pueden aparecer detrás del esternón e irradiarse a otras partes del cuerpo, por ejemplo, a uno o ambos brazos, la espalda, el cuello, la mandíbula, los omóplatos o la parte superior del abdomen. La dificultad para respirar también puede ser una señal de alerta importante. A esto se pueden sumar, entre otros, palidez, sudor frío, náuseas o una fuerte sensación de debilidad. Es importante tener en cuenta que un infarto de miocardio no siempre se presenta con el cuadro clásico de dolor intenso en el pecho.

Precisamente por eso, la decisión de llamar a urgencias no debe depender de si se presentan todos los síntomas típicos a la vez. Ni siquiera un trastorno de pánico ya conocido te protege de un infarto. Si sueles tener ataques de pánico, es posible que tiendas a achacar rápidamente esas molestias que te resultan familiares a la ansiedad. Sin embargo, si el dolor en el pecho es nuevo, inusualmente intenso o se siente diferente a los ataques anteriores, no debes descartarlo simplemente como un ataque de pánico. Si sospechas que puedes estar sufriendo un infarto, la Fundación Alemana del Corazón recomienda expresamente que no esperes a ver si los síntomas desaparecen, sino que llames a los servicios de emergencia marcando el 112.


2. Por qué no debes esperar si tienes dudas

Precisamente porque los ataques de pánico suelen remitir al cabo de unos minutos, podría surgir la idea de: «Voy a esperar un rato a ver si mejora». En caso de posibles síntomas de infarto de miocardio, esa no es precisamente una buena estrategia.

Un infarto de miocardio se produce cuando el tejido del músculo cardíaco deja de recibir suficiente sangre y, por lo tanto, oxígeno. Cuanto más tiempo dure esta situación, mayor puede ser el daño. Por eso, recibir atención médica rápida es fundamental. La duración tampoco es un indicador fiable. Aunque los ataques de pánico suelen durar entre 10 y 20 minutos, eso no significa que los síntomas que mejoran al poco tiempo sean inofensivos, ni que los que duran más tiempo se deban automáticamente a un infarto.

La distinción se hace en el ámbito médico. Allí se pueden evaluar, entre otras cosas, los síntomas y el historial médico, además de realizar pruebas como un electrocardiograma y análisis de sangre. Por eso, en este tema hay una regla sencilla: mejor llamar al 112 una vez de más que esperar a ver si se trata de un posible infarto. Esto es especialmente importante si tienes dolores de pecho intensos o que han aparecido de repente, o si sientes una presión o opresión clara en el pecho, dificultad para respirar u otros síntomas que podrían indicar un infarto de miocardio. La Fundación Alemana del Corazón insiste en que, ante la sospecha de un infarto de miocardio, hay que llamar al 112 de inmediato y no esperar.

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