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Miedo e inquietud: por qué el cuerpo no consigue relajarse

  • 12 Tiempo mínimo de lectura
Angst und innere Unruhe: Warum der Körper nicht zur Ruhe kommt

¿Por qué la inquietud interior resulta tan desagradable?

Estás sentado en el sofá y, en realidad, no pasa nada. Aun así, sientes como si tu cuerpo no pudiera desconectar. No paras de cambiar de postura, los pensamientos saltan de un tema a otro y, en algún lugar, está esa sensación difícil de definir: «Debería hacer algo». ¿Pero qué? La inquietud interior puede resultar tan agobiante precisamente por eso: el cuerpo parece estar preparado para algo, aunque quizá no haya ninguna situación concreta a la que puedas reaccionar. Las personas que lo sufren suelen describir tensión, nerviosismo, agitación o la sensación de no poder desconectar del todo.


1. Cuando el cuerpo está constantemente en estado de alerta

Es fácil entender que estés nervioso antes de un examen importante. Sabes de dónde viene la tensión, y la mayoría de las veces desaparece cuando la situación pasa. La cosa se complica cuando la inquietud no tiene un principio tan claro ni un final definido. Quizás ya te levantas por la mañana sintiéndote tenso. En el trabajo te cuesta concentrarte en una sola cosa. En un momento de tranquilidad, coges automáticamente el móvil o te levantas de nuevo. Por la noche quieres relajarte, pero te das cuenta de que tu mente ya está pensando en el siguiente tema. Esta activación también puede notarse físicamente. Por ejemplo, pueden aparecer un pulso más rápido, sudoración o manos temblorosas junto con la tensión interior. Esto, a su vez, puede generar inseguridad: ¿por qué estoy tan nervioso? ¿Qué es lo que no va bien ahora mismo? Y así, de repente, la inquietud acapara aún más tu atención. Precisamente por eso es útil considerar primero la inquietud interior como lo que es: un síntoma, no un diagnóstico. Puede surgir de forma temporal por el estrés o la emoción. Puede estar relacionada con la ansiedad. Pero también la falta de sueño, la cafeína, los medicamentos o las enfermedades físicas pueden influir.


2. Por qué la inquietud interior no siempre necesita un desencadenante claro

A veces, la causa se identifica enseguida: un conflicto, un examen, una etapa estresante en el trabajo. Otras veces no es así. Esto puede resultar especialmente frustrante. Porque cuando te sientes tenso, probablemente quieras saber por qué. Si no hay una respuesta clara, enseguida empiezas a buscarla. ¿Estoy estresado? ¿Me he olvidado de algo? ¿Es ansiedad? ¿Me pasa algo físicamente? Pero el estrés mental no siempre se debe a un único acontecimiento importante. Muchas pequeñas exigencias también pueden acumularse con el tiempo. Quizá en las últimas semanas apenas has tenido descansos de verdad. Quizá duermes mal. Quizá te preocupa algo que durante el día no dejas de dejar de lado. Al mismo tiempo, no debemos cometer el error contrario y atribuir automáticamente toda inquietud interior a causas psicológicas. Por ejemplo, el hipertiroidismo puede ir acompañado de nerviosismo e inquietud; a menudo se presentan otros síntomas como taquicardia, temblores, sudoración o pérdida de peso. La cafeína también puede favorecer la inquietud y el nerviosismo. Por eso, la inquietud interior no significa automáticamente que tengas un trastorno de ansiedad. Sin embargo, la ansiedad es una posible explicación, y a veces ambas cosas están tan estrechamente relacionadas que casi no queda claro cuál apareció primero.


¿Qué relación hay entre la ansiedad y la inquietud interior?

A menudo nos imaginamos la ansiedad de forma muy clara: tienes miedo de algo. De un examen. De una enfermedad. De volar. O la ansiedad se vuelve tan intensa que acaba provocando un ataque de pánico. Pero la ansiedad no siempre tiene por qué sentirse así de clara. También puede ser más difusa. En lugar de «tengo miedo», quizá lo que más destaca sea la sensación de: «Es que no consigo estar tranquilo».


1. Cuando la tensión se convierte de repente en miedo

La inquietud interior y el miedo pueden influirse mutuamente. Imagínate que por la mañana te das cuenta de que estás inusualmente tenso. Al principio no le das mucha importancia. Una hora más tarde, la sensación sigue ahí. Ahora te fijas mejor. ¿Por qué me late tan fuerte el corazón? ¿Por qué no puedo estar quieto? ¿Por qué me siento tan raro? En ese momento, puede que ni siquiera cambie la sensación física, sino su significado. «Estoy tenso» se convierte en «Algo no va bien en mí». Así puede surgir un pequeño círculo vicioso: notas la inquietud, eso te preocupa y observas tu cuerpo con aún más atención. La preocupación, a su vez, aumenta la tensión, y de repente la inquietud inicial se siente aún más intensa. Esto no significa que toda inquietud interior sea «solo miedo». Más bien muestra por qué la forma en que interpretas la tensión física puede marcar la diferencia.


2. Por qué la ansiedad puede notarse físicamente incluso sin un ataque de pánico

Un ataque de pánico es intenso y relativamente fácil de reconocer como una experiencia de miedo. Pero el miedo también puede manifestarse de forma menos dramática y, en cambio, más duradera. Quizás te sientas tenso e irritable. Te cuesta desconectar o te das cuenta de que no paras de darle vueltas a posibles problemas. Tu cuerpo permanece, en cierto modo, en un estado de alerta elevada. Esto puede sentirse de forma totalmente diferente a un ataque de pánico agudo, y aun así estar relacionado con la ansiedad. Precisamente por eso no hay que equiparar la inquietud interior, la ansiedad y el pánico. La inquietud interior describe, en primer lugar, la sensación de nerviosismo, tensión o agitación. La ansiedad es una reacción emocional que puede ir de la mano de ello. Un ataque de pánico, por su parte, es un episodio repentino de ansiedad intensa o de gran malestar. Para ti, esta distinción es importante sobre todo por una razón: no hace falta que sufras primero un ataque de pánico para que se tome en serio la ansiedad o la tensión persistentes. Y tampoco significa automáticamente que un día agitado se deba a un trastorno mental. Lo decisivo es más bien cuánto tiempo dura la inquietud, qué la influye y en qué medida altera tu día a día.


El círculo vicioso de la inquietud interior


¿Qué puede haber detrás de una inquietud interior constante?

A veces, la explicación es bastante obvia. Las últimas semanas han sido agotadoras, duermes poco y tienes una cita tras otra. En otros casos, la inquietud parece no encajar en absoluto con tu día a día. Precisamente entonces vale la pena no dar por sentada una única causa a la primera de cambio. La inquietud interna puede tener desencadenantes psicológicos, físicos y cotidianos, y a veces se dan varios factores a la vez.


1. Estrés y cargas psicológicas

El estrés no siempre tiene por qué parecer tal. Quizás en tu día a día todo siga funcionando bien. Haces tus tareas, vas al trabajo y te ocupas de lo que hay que hacer. Aun así, en algún momento te das cuenta de que ya casi nunca tienes un momento de verdadera tranquilidad. El cuerpo puede reaccionar ante una tensión prolongada con un aumento de la tensión. Las preocupaciones, los conflictos o el exceso de trabajo también pueden contribuir a que te resulte más difícil relajarte por dentro. En los trastornos de ansiedad, por ejemplo, puede surgir un estado constante de alerta y expectación. En ese caso, ni siquiera hace falta que haya un momento concreto de gran miedo. La tensión puede permanecer en segundo plano durante mucho tiempo. Esto también explica por qué una tarde libre por sí sola no resuelve necesariamente el problema. Si la causa no es la falta de tiempo libre, sino una tensión psicológica persistente, la paz interior no se activa simplemente pulsando un botón.


2. El sueño, la cafeína y otros factores cotidianos

A veces también vale la pena fijarse en cosas que, a primera vista, parecen banales. La cafeína tiene un efecto estimulante. Si eres sensible a ella o consumes grandes cantidades, puedes notar más el nerviosismo, las palpitaciones o la inquietud. La falta de sueño también puede hacer que durante el día te sientas menos resistente y, al mismo tiempo, más tenso. No se trata de convertir la vida cotidiana en una nueva tarea de control. No tienes que anotar cada taza de café ni perfeccionar tu rutina diaria. Lo más interesante es preguntarte si reconoces algún patrón recurrente. ¿Es la inquietud más intensa los días en que tomas mucho café? ¿Se nota más después de varias noches de sueño escaso? ¿Aparece sobre todo en fases especialmente estresantes? Este tipo de observaciones pueden ayudarte a detectar posibles relaciones, sin tener que dar una explicación inmediata a cada sensación corporal.


3. Cuando hay que tener en cuenta causas físicas

La inquietud interior no debe atribuirse automáticamente a la psique. Las enfermedades físicas también pueden provocar nerviosismo e inquietud. Un ejemplo es el hipertiroidismo. En este caso, además de nerviosismo e inquietud interior, pueden aparecer, entre otros síntomas, palpitaciones, temblores, sudoración o pérdida de peso. Los medicamentos u otras sustancias también pueden influir. Por eso, sobre todo si la inquietud es nueva, inusualmente intensa o dura mucho tiempo, conviene acudir al médico para que te haga un diagnóstico. En cambio, ante posibles carencias nutricionales, yo no me lanzaría a tomar magnesio o suplementos vitamínicos por mi cuenta. Los síntomas inespecíficos, como la inquietud, no permiten determinar de forma fiable que falte un nutriente concreto. Lo más sensato es: primero averiguar qué hay detrás de la inquietud y, después, actuar de forma específica.


¿Qué te ayuda cuando no consigues encontrar la paz interior?

Cuando te sientes tenso por dentro, el consejo de «simplemente relájate» resulta tan útil como decir «simplemente duérmete» cuando tienes problemas para dormir. Porque la relajación no se puede forzar. Lo que puede ayudarte depende también de cómo se manifieste tu inquietud en ese momento. ¿Es sobre todo tu cuerpo el que está acelerado? ¿O son tus pensamientos los que se suceden sin parar?


1. Liberar al cuerpo de la tensión constante

En caso de inquietud aguda, puede ayudar, en un primer momento, reducir un poco la actividad física. Una opción es respirar de forma más tranquila y consciente. Para ello, no tienes por qué seguir necesariamente una secuencia complicada de segundos. A algunas personas les funcionan bien ejercicios fijos como la respiración 4-7-8, mientras que otras perciben el contar, sobre todo en momentos de tensión, como una presión adicional. Los ejercicios de «grounding» también pueden ayudarte a volver a centrar la atención en el entorno actual. En el conocido método 5-4-3-2-1, por ejemplo, se perciben conscientemente diferentes sensaciones sensoriales. Este tipo de ejercicios pueden ayudarte en ese momento. Pero no deberían convertirse en una nueva regla del tipo: «Sin mi ejercicio de respiración, no puedo lidiar con la inquietud». Porque si la tensión vuelve cada día, llega un momento en el que vale más la pena preguntarse por qué el cuerpo está tan a menudo en modo de alarma que buscar la siguiente técnica de alivio inmediato.


2. Por qué el movimiento a veces funciona mejor que «relájate»

Si estás muy activado por dentro, no tienes por qué intentar quedarte completamente quieto de inmediato. A veces, el ejercicio se adapta mejor al estado en el que se encuentra el cuerpo en ese momento. Un paseo, una vuelta en bici u otra actividad física pueden servir de transición: en lugar de quedarte sentado en el sofá observando tu propia inquietud cada vez con más detalle, le das un rumbo a la energía que tienes. Esto no significa que tengas que «eliminar» cada sensación desagradable con ejercicio. La diferencia radica más bien en no luchar contra tu propio estado. Si tu cuerpo está activado en ese momento, un ejercicio moderado puede ser, en un primer momento, más realista que pretender relajarte por completo en dos minutos.


3. Qué puedes hacer contra el torbellino de pensamientos

La inquietud física es una cosa. A menudo se complica cuando, al mismo tiempo, la mente no se queda quieta. Entonces, puede que los pensamientos salten de un lado a otro entre tareas, preocupaciones y preguntas sin resolver. Todo parece importante a la vez. En lugar de resolver cada pensamiento al instante, puede ayudar sacarlo de la cabeza. Por ejemplo, escribe lo que te está preocupando en este momento. Después, puedes distinguir: ¿qué parte de eso requiere realmente una acción? ¿Qué puede esperar hasta mañana? ¿Y qué es una preocupación para la que, de todos modos, no hay una respuesta definitiva en este momento? Suena sencillo, pero cambia la perspectiva. Ya no tienes que intentar retener mentalmente diez cosas a la vez. Y a veces eso es precisamente lo fundamental: la paz interior no surge necesariamente porque desaparezcan todos los pensamientos, sino porque ya no todos los pensamientos exigen tu atención de inmediato.


¿Cuándo deberías consultar a un profesional si tienes inquietud interior?

La inquietud interior tras un día estresante es algo distinto a un estado que se repite una y otra vez durante semanas. Por eso, lo decisivo no es si de vez en cuando estás nervioso o tenso, sino cuánto tiempo dura la inquietud y en qué medida afecta a tu vida.


1. Cuando la inquietud ya no desaparece

Quizá en algún momento te des cuenta de que ya casi no puedes desconectar de verdad. La inquietud te acompaña en el trabajo, durante el fin de semana e incluso en situaciones que, en realidad, esperabas con ilusión. El sueño también puede verse afectado. O empiezas a evitar ciertas situaciones porque temes ponerte especialmente nervioso allí. A más tardar cuando la inquietud sea persistente, se intensifique o limite claramente tu día a día, deberías hacer que te aclaren la causa. Lo importante es que no tengas que decidir por ti mismo si la causa es «física o psicológica». Precisamente esa clasificación puede formar parte del diagnóstico.


2. A quién acudir

Un primer lugar al que acudir puede ser la consulta de tu médico de cabecera. Allí podrás comentar desde cuándo tienes esa inquietud, qué otros síntomas tienes y si hay que tener en cuenta causas físicas o, por ejemplo, medicamentos. Si resulta que la ansiedad, el estrés crónico u otras cargas psicológicas juegan un papel importante, puede ser útil acudir a una consulta de psicoterapia. Y tampoco hace falta tener un diagnóstico claro para empezar. Puedes buscar ayuda si simplemente te das cuenta de que:

«Ya no consigo salir de esta tensión por mí mismo».

 Porque, a largo plazo, el objetivo no debería ser acumular cada vez más trucos con los que superar la próxima hora de inquietud. Es mucho más importante averiguar por qué tu sistema está tan a menudo en estado de alerta, y qué necesita para que vuelvas a encontrar la paz de verdad.

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