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Cuando cada comida se convierte en un reto: ¿síndrome del intestino irritable o intolerancia?

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Wenn jede Mahlzeit zur Herausforderung wird – Reizdarm oder Unverträglichkeit?

Cuando el estómago te da problemas después de cada comida

Los problemas digestivos forman parte del día a día de mucha gente. A veces te duele el estómago después de comer, otras veces tienes gases por la noche o no tardas nada en tener que ir al baño. Muchas veces los síntomas desaparecen, pero vuelven a aparecer poco después. Así que no es de extrañar que, en algún momento, muchos se hagan la misma pregunta: ¿no tolero ciertos alimentos o será que tengo el síndrome del intestino irritable?


1. Cuando cada comida se convierte en una incertidumbre 

Quizá ya hayas empezado a evitar ciertos alimentos porque sospechas que te provocan molestias. Primero desaparece la leche de la nevera, luego dejas de comer pan y, en algún momento, incluso te preguntas si la culpa podría ser de la fruta o la verdura. Muchas personas afectadas conocen esta sensación. En lugar de disfrutar de cada comida con tranquilidad, de repente comer se asocia con la incertidumbre. La pregunta «¿Podré tolerar esto?» acompaña a muchos ya desde el momento en que echan un vistazo a la carta. El problema es que no todas las molestias digestivas son automáticamente una intolerancia alimentaria. Y no todo intestino sensible significa necesariamente síndrome del intestino irritable.


2. Por qué es tan fácil confundir el síndrome del intestino irritable con una intolerancia alimentaria

Los dolores de barriga, los gases, la diarrea o el estreñimiento pueden aparecer tanto en una intolerancia alimentaria como en el síndrome del intestino irritable. Por eso es comprensible que muchos piensen primero en una intolerancia. Sin embargo, solo con los síntomas no suele ser posible identificar cuál es la causa real. Dos personas pueden tener síntomas casi idénticos y, aun así, recibir diagnósticos totalmente diferentes. Precisamente por eso, a menudo no basta con fijarse solo en alimentos concretos o en determinados síntomas.


3. Por qué es tan importante identificar la causa correcta 

Si sabes cuál es la causa de tus molestias, puedes actuar de forma más específica. Si realmente se trata de una intolerancia alimentaria, a menudo se pueden aliviar considerablemente los síntomas reduciendo o evitando el alimento que la provoca. En el síndrome del intestino irritable, la cosa cambia. Aquí suelen intervenir varios factores a la vez. Además de la alimentación, pueden influir, por ejemplo, el estrés, el eje intestino-cerebro o los cambios en la flora intestinal. Por eso, muchas veces no basta con dejar de comer ciertos alimentos. Un diagnóstico seguro no solo te ayuda a evitar restricciones innecesarias en tu día a día, sino que también sienta las bases para un tratamiento adecuado. 


Síntomas y similitudes


El síndrome del intestino irritable y la intolerancia alimentaria suelen dar sensaciones similares

A primera vista, ambas afecciones parecen muy parecidas. Al fin y al cabo, tanto el síndrome del intestino irritable como una intolerancia alimentaria pueden provocar hinchazón, dolor abdominal o diarrea. Sin embargo, la diferencia clave no está en los síntomas en sí, sino en la causa que los provoca.


1. ¿Qué hay detrás de una intolerancia alimentaria? 

Se habla de intolerancia alimentaria cuando el cuerpo no puede digerir o absorber correctamente ciertos componentes de los alimentos. Por eso, estas sustancias llegan parcialmente sin digerir al intestino grueso, donde pueden provocar molestias. Entre las intolerancias más comunes se encuentran:

  • Intolerancia a la lactosa (azúcar de la leche)
  • Mala absorción de fructosa (azúcar de la fruta)
  • Intolerancia al sorbitol (alcohol de azúcar)

Lo habitual es que los síntomas aparezcan tras comer ciertos alimentos. Dependiendo del tipo y la cantidad de comida que ingieras, pueden aparecer flatulencias, dolor abdominal o diarrea poco después. Quizás ya te hayas dado cuenta de que tu estómago reacciona mucho más después de un vaso de leche o una ración grande de helado que tras otras comidas. Precisamente estas relaciones pueden ser un indicio de una intolerancia.

Pero es importante tener en cuenta que una intolerancia alimentaria no es lo mismo que una alergia alimentaria. Mientras que en una alergia interviene el sistema inmunitario y pueden producirse reacciones, en algunos casos graves, una intolerancia suele ser un trastorno de la digestión o de la absorción de ciertas sustancias.


2. ¿Qué es exactamente el síndrome del intestino irritable?

El síndrome del intestino irritable es mucho más difícil de explicar que una intolerancia alimentaria. Muchas personas afectadas buscan un desencadenante claro, pero a menudo no lo hay. En el síndrome del intestino irritable, el intestino funciona de forma diferente a lo habitual, aunque no se detecte ninguna enfermedad orgánica. Por eso, los expertos hablan de una enfermedad intestinal funcional. Esto no significa que los síntomas sean imaginarios. Más bien, el intestino reacciona de forma más sensible a los estímulos de lo normal. Son típicos los síntomas recurrentes como:

  • dolor abdominal
  • Hinchazón
  • Diarrea
  • Estreñimiento
  • Cambios en los hábitos intestinales

Muchas personas afectadas también cuentan que los síntomas se intensifican o se alivian por fases. Algunas pasan semanas sin molestias, mientras que en épocas de estrés vuelven a aparecer de repente dolores de barriga o problemas digestivos.


3. En el síndrome del intestino irritable suelen intervenir varios factores 

Mientras que una intolerancia alimentaria suele deberse a una sustancia concreta, el síndrome del intestino irritable suele surgir por la interacción de varios factores. Según los estudios actuales, pueden influir, entre otros, los siguientes factores:

  • Un eje intestino-cerebro sensible 
  • Cambios en la flora intestinal 
  • Una mayor sensibilidad al dolor en el intestino 
  • El estrés y las tensiones psicológicas 
  • Infecciones gastrointestinales previas 

Esto también explica por qué dos personas con síndrome del intestino irritable pueden tener factores desencadenantes totalmente diferentes. Mientras que una persona desarrolla molestias especialmente intensas tras días estresantes, otra reacciona sobre todo a las comidas muy grasas o a los horarios irregulares. Por eso, en el síndrome del intestino irritable rara vez hay una única causa o una única solución. Más bien, la alimentación, el estilo de vida y los posibles factores desencadenantes suelen tener que analizarse de forma individual.


4. Por eso, el autodiagnóstico suele ser complicado 

Si tienes molestias digestivas con frecuencia, es comprensible que busques una explicación rápida. En Internet, a menudo te encuentras con listas de supuestos «alimentos prohibidos» o pruebas sencillas para hacerte tú mismo. Por muy tentador que suene, el autodiagnóstico suele llevarte por el camino equivocado. Algunas personas dejan de consumir productos lácteos, gluten o fruta por precaución, aunque en realidad no tengan ninguna intolerancia. Otros dan por hecho que solo tienen un intestino sensible, cuando en realidad lo que hay detrás es una intolerancia que se puede tratar. Por eso, las sociedades médicas recomiendan acudir al médico para aclarar los síntomas persistentes. Solo cuando se hayan descartado otras enfermedades y posibles intolerancias, se podrá diagnosticar con fiabilidad el síndrome del intestino irritable.


Cómo distinguir ambas enfermedades

Aunque ambas enfermedades puedan parecer similares, hay algunas características que dan pistas sobre la posible causa. Aunque no sustituyen a un diagnóstico médico, pueden ayudarte a observar y clasificar mejor tus propios síntomas.


1. El momento en que aparecen los síntomas puede dar las primeras pistas 

En el caso de una intolerancia alimentaria, los síntomas suelen aparecer en clara relación con determinados alimentos. Por ejemplo, quien padece intolerancia a la lactosa suele notar flatulencias, dolor abdominal o diarrea poco después de tomar leche, helado o nata.

En el síndrome del intestino irritable, esta relación suele ser menos clara. Aunque algunas personas afectadas también reaccionan a ciertos alimentos, los síntomas pueden aparecer tras comidas totalmente diferentes o incluso empezar sin ningún desencadenante aparente.

Quizá ya te haya pasado que un día toleras un alimento sin problemas y al día siguiente, de repente, te causa molestias. Precisamente este patrón variable apunta más a un síndrome del intestino irritable que a una intolerancia clásica.


2. Los desencadenantes son muy diferentes 

Una intolerancia alimentaria suele tener un desencadenante concreto: un componente específico del alimento que el cuerpo no puede digerir o asimilar lo suficiente.
En el síndrome del intestino irritable, la situación es diferente. Aquí pueden intervenir varios factores a la vez. Además de la alimentación, suelen influir también el estrés, la falta de sueño, los cambios hormonales o las tensiones psicológicas. Sin embargo, eso no significa que, por ejemplo, el estrés sea la única causa del síndrome del intestino irritable. No obstante, puede intensificar las molestias y agravar los síntomas existentes.


3. La evolución de los síntomas también varía 

No solo los desencadenantes, sino también la evolución pueden dar pistas. En el caso de una intolerancia alimentaria, los síntomas suelen mejorar notablemente en cuanto se evita el alimento que la provoca. Si se vuelve a comer, los síntomas suelen reaparecer.

En cambio, en el síndrome del intestino irritable, la enfermedad suele presentarse en brotes. Puede haber fases en las que apenas haya molestias, seguidas de semanas con dolor abdominal, hinchazón o cambios en los hábitos intestinales. Según la guía S3, los síntomas suelen durar al menos tres meses y afectan notablemente a la calidad de vida de quienes lo padecen.


4. Las diferencias más importantes de un vistazo

Ya sea el síndrome del intestino irritable o una intolerancia alimentaria, ambas afecciones pueden afectar mucho a tu día a día. Sin embargo, hay algunas diferencias típicas que pueden ayudarte a distinguirlas.


Comparación entre la intolerancia alimentaria y el síndrome del intestino irritable


¿Qué ayuda con ambos problemas?

Da igual si detrás de tus molestias hay un síndrome del intestino irritable o una intolerancia alimentaria: el objetivo siempre es el mismo: entender mejor los factores desencadenantes y aliviar el intestino a largo plazo.

No hay una solución que funcione igual para todo el mundo. A menudo, basta con pequeños cambios en tu día a día para controlar mejor los síntomas. Lo importante es conocer tu propio cuerpo y no descartar precipitadamente cada vez más alimentos.


1. Un diario alimenticio puede darte pistas muy útiles 

Si sufres molestias digestivas con frecuencia, es fácil perder la perspectiva. A menudo parece que el estómago reacciona cada día a algo diferente. Un diario de alimentación puede ayudarte a identificar patrones. Anota con la mayor precisión posible, durante varias semanas,

  • lo que has comido y bebido,
  • cuándo han aparecido los síntomas,
  • qué síntomas has tenido,
  • cuán intensos fueron,
  • y si han influido situaciones especiales como el estrés o la falta de sueño.


2. No elimines precipitadamente grupos enteros de alimentos 

Si el estómago te da problemas con frecuencia, es fácil caer en la tentación de ir eliminando cada vez más alimentos de tu dieta. Primero los lácteos, luego el trigo, más tarde la fruta o las legumbres. A corto plazo, a veces parece que esto ayuda. Sin embargo, a largo plazo, una dieta innecesariamente restrictiva puede provocar que te falten nutrientes importantes o que comer se convierta cada vez más en una carga. Por eso, lo mejor es que, en la medida de lo posible, no renuncies de forma permanente a ciertos alimentos sin consultar antes con un médico para ver si realmente tienes alguna intolerancia.


3. El estrés suele tener más importancia de lo que muchos piensan

Quizá hayas notado alguna vez que tu estómago se vuelve loco justo cuando tienes mucho ajetreo en tu día a día. No es casualidad. El intestino y el cerebro están constantemente conectados a través del llamado «eje intestino-cerebro». Por eso, el estrés prolongado puede afectar al movimiento intestinal, aumentar la sensibilidad al dolor y agravar los síntomas existentes. Sin embargo, esto no significa que el síndrome del intestino irritable sea «solo psicológico». Más bien, el intestino y el sistema nervioso se influyen mutuamente. Por eso, las técnicas de relajación como los ejercicios de respiración, la meditación, el yoga o los paseos regulares pueden ser un complemento útil para muchas personas afectadas.


4. Las plantas medicinales pueden ayudar a cuidar el intestino de forma natural 

Muchas personas buscan, además de una alimentación equilibrada, otras formas de cuidar su intestino de manera natural. Tradicionalmente se utilizan diversas plantas medicinales que pueden ayudar al tracto digestivo. Entre ellas se encuentran, por ejemplo, el hinojo, el comino, la manzanilla y la menta, que se llevan utilizando desde hace mucho tiempo para tratar las molestias digestivas. Cuando el estrés influye, algunas personas también recurren a plantas medicinales como la melisa, que se utiliza tradicionalmente para favorecer la calma y la relajación.

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