Solo un mensaje más… ¿por qué seguimos bajando la pantalla?
Solo quieres echar un vistazo rápido a lo que ha pasado. Leer una noticia, quizá dos. Al fin y al cabo, quieres estar al día. Entonces abres la siguiente publicación. Debajo ya te espera un vídeo. En los comentarios se habla de una novedad, así que la buscas. De paso, actualizas el feed otra vez. En algún momento miras el reloj. Los cinco minutos se han convertido en 40. Aun así, te cuesta mucho dejar el móvil a un lado. Porque quizá haya cambiado algo más mientras tanto.
A este comportamiento se le llama «doomscrolling»: seguimos consumiendo contenidos negativos, inquietantes o que parecen amenazantes, aunque hace tiempo que nos damos cuenta de que no nos hacen bien —y aunque en realidad queríamos dejarlo. Lo curioso es que no seguimos desplazándonos hacia abajo necesariamente porque queramos ver malas noticias. A menudo ocurre justo lo contrario. Queremos sentir por fin que sabemos lo suficiente.
1. Cuando cinco minutos se convierten de repente en una hora
El «doomscrolling» rara vez empieza de forma consciente. Nadie se sienta por la noche en el sofá y piensa: «Ahora quiero estresarme durante una hora leyendo noticias sobre crisis». La mayoría de las veces hay una razón comprensible. Aparece una noticia de última hora en la pantalla. Está pasando algo en otro país. La situación económica cambia. Una decisión política genera incertidumbre. Claro que quieres saber qué está pasando. Así que lees un artículo. Después, has resuelto una duda… pero te han surgido otras dos. ¿Qué significa esto ahora? ¿Qué va a pasar? ¿Hay ya más información? Así que sigues bajando. Y aquí es precisamente donde algo puede cambiar: el deseo de estar informado se convierte en la búsqueda de ese momento en el que la situación por fin parezca aclarada. Pero, en muchas situaciones de actualidad, ese momento no llega. Las crisis siguen evolucionando. Las valoraciones se contradicen. Nadie sabe exactamente qué pasará mañana. Aun así, el móvil siempre te da otra noticia. Y otra más. Y otra más.
2. Qué significa realmente el «doomscrolling»
No todo consumo intensivo de noticias es automáticamente «doomscrolling». Cuando ocurre algo importante, es totalmente comprensible leer noticias con más frecuencia o seguir la evolución de los acontecimientos durante un tiempo prolongado. La diferencia no radica tanto en el número de artículos que lees como en cómo los gestionas. En realidad querías dejarlo, pero sigues desplazándote hacia abajo. Te das cuenta de que los contenidos te agobian cada vez más, pero aun así abres la siguiente publicación. O dejas el móvil a un lado un momento, solo para volver a mirar unos minutos más tarde si hay algo nuevo. El «doomscrolling» no describe, por tanto, simplemente el interés por las malas noticias. Es más bien un bucle de búsqueda de información, incertidumbre y la necesidad de seguir mirando. Y este bucle se da en las plataformas digitales, que tienen una diferencia clave con respecto a los medios tradicionales: nunca se acaban.
¿Por qué nos atraen tanto las malas noticias?
En realidad, el «doomscrolling» suena contradictorio. Si ciertos contenidos nos dan miedo, nos enfadan o nos entristecen, ¿por qué seguimos mirándolos? ¿Por qué no buscamos, en cambio, algo que nos tranquilice? Porque la información desagradable no es automáticamente poco interesante. Sobre todo cuando contiene algo que podría ser importante para nosotros.
1. Nuestro cerebro presta especial atención a los posibles peligros
Una noticia positiva puede ser agradable. En cambio, una posible amenaza exige atención. Esta tendencia se explica a menudo con el llamado «sesgo de negatividad»: la información negativa puede captar nuestra atención con especial intensidad y tener más peso que la información positiva comparable. En el día a día, esto se observa fácilmente. Entre diez noticias más bien insignificantes aparece de repente: «Se teme una nueva escalada». ¿En qué haces clic? Probablemente no en la noticia de que en algún sitio se ha resuelto un problema con éxito. Eso no significa que nuestro cerebro considere cada titular como un peligro inmediato. La idea popular del «cerebro de la Edad de Piedra», que trata una notificación de la misma forma que a un tigre dientes de sable, se queda claramente corta. Pero los posibles peligros, conflictos e incertidumbres pueden atraer la atención de forma especialmente fiable. Y en el feed digital, detrás de cada mala noticia ya te espera la siguiente.
2. Por qué creemos que leer otra noticia más podría tranquilizarnos
Quizá esa sea la parte más interesante del «doomscrolling»: a menudo no seguimos desplazándonos porque no queremos tener más miedo. Seguimos desplazándonos porque queremos tener menos miedo. Una situación poco clara genera incertidumbre. Por eso buscamos información. Al principio, eso tiene sentido. Si entiendes algo mejor, puedes situarlo mejor en tu mente. Pero en algún momento este mecanismo se invierte. Ya sabes lo que ha pasado. Aun así, te falta algo: la certeza de cómo seguirá todo. Así que sigues buscando. Quizá haya una nueva valoración. Quizá alguien explique que todo es menos grave. Quizá por fin haya una noticia tras la que puedas decir: «Vale. Ahora ya sé lo suficiente». Sin embargo, en las crisis abiertas, es posible que esa noticia nunca llegue. En su lugar, te encuentras con un nuevo pronóstico, otro comentario preocupante o un vídeo que muestra un aspecto del que antes no sabías nada. Ahora tienes más información, pero no necesariamente más seguridad. Y eso es precisamente lo que puede llevarte a seguir desplazándote hacia abajo. Así surge la verdadera paradoja del «doomscrolling»: buscamos información para reducir la incertidumbre y, al hacerlo, encontramos constantemente cosas nuevas por las que preocuparnos.
¿Por qué es tan difícil dejar de mirar el móvil?
A estas alturas ya has entendido lo que ha pasado. En realidad, podrías cerrar la app. Pero justo debajo de la última noticia ya te espera la siguiente. Un vídeo empieza a reproducirse automáticamente. Una nueva publicación promete una actualización. Y antes de que hayas decidido conscientemente seguir leyendo, tu pulgar ya se ha desplazado hacia abajo. No es casualidad. Los feeds digitales hacen que sea especialmente fácil convertir una acción consciente en un hábito.
1. Un feed no tiene hora de cierre
Un periódico tiene una última página. Un programa de noticias termina. Incluso un libro te deja bastante claro cuánto te queda por delante. Un feed no lo hace. Puedes desplazarte, desplazarte y volver a desplazarte… y siempre aparece contenido nuevo. A este principio se le llama «desplazamiento infinito». Con ello falta algo que normalmente nos ayuda a parar: un punto final natural. Imagínate que, tras diez publicaciones, apareciera en tu pantalla: «Esto es todo por hoy». Ahora tendrías que decidir activamente si quieres ver más noticias. En un feed infinito ocurre lo contrario. No es seguir adelante lo que requiere una decisión, sino parar. Parece una diferencia pequeña. En el día a día, es bastante decisiva. Porque después de cada publicación no tienes que hacer nada para ver la siguiente. Basta con un pequeño movimiento del pulgar, y el feed te ofrece automáticamente más contenido. Así, «voy a leer un artículo más» puede convertirse muy rápido en «voy a ver qué viene después».
2. Por qué nunca sabemos qué viene después
Además: no sabes qué te espera tras el siguiente movimiento. Quizá sea la misma noticia otra vez. Quizá un vídeo totalmente irrelevante. Pero quizá también sea precisamente esa actualización que llevas media hora esperando. Esta imprevisibilidad hace que seguir desplazándote sea especialmente atractivo. No todo el contenido nuevo tiene por qué ser interesante. Basta con que el siguiente pueda serlo. Precisamente por eso no me quedaría tal cual con la explicación tan habitual de que «las redes sociales funcionan como una máquina tragaperras». Aunque la comparación ayuda a entender un principio: los resultados impredecibles pueden hacer que el comportamiento se vuelva persistente. Pero un feed de redes sociales no es una máquina tragaperras, y el «doomscrolling» no se puede reducir a un único mecanismo de recompensa. La popular explicación de que «cada vez que te desplazas, recibes una descarga de dopamina» también es demasiado simplista. Lo que es mucho más importante para nuestro día a día es que el siguiente contenido es una incógnita, y está a solo un movimiento del dedo. Si un tema ya te tiene intrigado, esta promesa puede ser suficiente para que sigas desplazándote un poco más. Y otra vez.
3. FOMO: ¿Y si me pierdo algo importante?
En el «doomscrolling» se suma otro pensamiento: ¿y si lo dejo ahora y justo entonces pasa algo importante? Este miedo a perderte algo se conoce a menudo como FOMO (Fear of Missing Out). En el contenido habitual de las redes sociales, esto puede significar perderte una noticia, una tendencia o algo de tu círculo de amigos. Sin embargo, con las noticias de crisis, el FOMO cobra otro significado. Cuando está pasando algo grave, de repente te parece lógico mantenerte informado constantemente. Quizá pienses: «Tengo que saber si la situación cambia». En principio, eso es cierto. Pero rara vez hace falta una actualización cada tres minutos. Y precisamente ese límite es difícil de identificar cuando te dedicas al «doomscrolling». Porque la sensación de tener que estar informado siempre te da una buena excusa para echar otro vistazo al móvil. Así se dan varias cosas a la vez: la incertidumbre te mantiene pendiente, el feed no tiene fin y, tras el siguiente desplazamiento, podría haber realmente una información importante esperándote. No es de extrañar, pues, que un simple «deja el móvil a un lado» a menudo no sirva de mucho.
¿Por qué, después de estar mirando el móvil, a menudo nos sentimos peor en lugar de mejor?
El «doomscrolling» suele empezar con un objetivo comprensible: quieres saber qué está pasando. Una hora después, de hecho, sabes más. Sin embargo, puede que no te sientas mejor informado, sino agotado, tenso o incluso más preocupado que antes. A primera vista, esto parece contradictorio. Al fin y al cabo, más información debería aportar más claridad. El problema es que saber más y sentirte más seguro no son lo mismo.
1. Más información no significa automáticamente más seguridad
En algunas cuestiones, buscar información funciona de maravilla. Quieres saber a qué hora sale tu tren. Lo consultas y obtienes una respuesta. Listo. En caso de crisis, guerras, acontecimientos políticos o incertidumbre económica, la cosa cambia. Puedes saber muchísimo sobre la situación actual y, aun así, no saber qué pasará mañana. Es precisamente ese vacío el que el «doomscrolling» intenta a veces llenar. Ya no lees solo para entender lo que ha pasado. Buscas una respuesta a lo que va a pasar. Y eso es algo que el feed no te puede dar. En su lugar, te ofrece escenarios. Opiniones de expertos. Comentarios. Pronósticos. Reacciones. Vídeos. Nuevos detalles. Cualquier información adicional puede ser útil, pero también puede abrirte una nueva posibilidad sobre la que empezar a preocuparte.
Esto da lugar a una paradoja: la cantidad de información aumenta, mientras que la sensación de seguridad no crece al mismo ritmo. Por eso, llega un momento en el que ya no es decisivo si podrías enterarte de algo nuevo, sino si la siguiente información te resulta útil en ese momento.
2. Cuando informarse se convierte en vigilancia constante
El «doomscrolling» se vuelve problemático sobre todo cuando las noticias ya no tienen un momento concreto del día. Las miras por la mañana nada más despertarte. Un rato durante el desayuno. Entre dos tareas. Mientras esperas el autobús. Por la noche en el sofá. Y otra vez en la cama. Así, tu mente apenas tiene un momento en el que la actualidad haya quedado realmente atrás. Una sola noticia negativa no tiene por qué ser el problema. Lo que puede resultar más agobiante es la repetición constante: siempre nuevas imágenes, nuevas advertencias, nuevas valoraciones y nuevas razones para volver a mirar. Esto puede aumentar el estrés y la preocupación, y también afectar al sueño, sobre todo si el consumo de noticias se prolonga hasta justo antes de dormirte. Pero, sobre todo, cambia tu relación con las noticias. Ya no decides conscientemente: «Ahora quiero informarme». En cambio, no paras de comprobar: «¿Ha pasado algo?». Y precisamente en este punto merece la pena no limitarse a querer consumir menos noticias. Es más útil volver a poner límites al consumo de noticias, límites que el propio feed infinito ya no marca.
¿Cómo sales de la espiral del «doomscrolling»?
La solución más obvia sería: dejar el móvil a un lado y simplemente leer menos noticias. Pero eso no suele funcionar muy bien. Porque si solo te propones deslizar menos, tienes que decidir cada vez de nuevo cuándo ya es suficiente. Y precisamente esa decisión resulta difícil cuando el feed sigue ofreciendo algo nuevo. Por eso es más útil no dejar que sea solo tu fuerza de voluntad la que te haga parar.
1. Ponle un final artificial a tu feed
Si los feeds digitales no tienen un punto final natural, puedes crearlo tú mismo. En lugar de estar mirando las noticias una y otra vez a lo largo del día, puedes, por ejemplo, reservar uno o dos momentos fijos para ello. No digas: «Hoy voy a mirar menos el móvil». Sino: «Voy a leer las noticias después del desayuno y a primera hora de la tarde». Al principio puede parecer más estricto, pero puede tener exactamente el efecto contrario. No tienes que estar pensando constantemente si te has perdido algo. Ya sabes cuándo volverás a informarte.
La forma de consumir noticias también marca la diferencia. Un programa de noticias, un boletín informativo o la página de inicio de un portal de noticias tienen, al menos, cierta selección y límite. En cambio, el feed de las redes sociales puede llevarte directamente de una noticia al siguiente vídeo, comentario o relato personal. Así que, si te das cuenta de que te quedas atascado en el feed con frecuencia, puede ayudarte acceder a las noticias de forma selectiva, en lugar de esperar a ver qué te muestra el algoritmo a continuación. El objetivo no es saber menos sobre el mundo. Se trata de volver a decidir por ti mismo cuándo ya sabes lo suficiente.
2. Convierte el desplazamiento automático de nuevo en una decisión
A veces probablemente abres una app sin haber decidido antes conscientemente que quieres abrirla. Desbloqueas el móvil. Tu dedo pulsa el icono de siempre. Y no es hasta diez minutos después cuando te das cuenta de que, en realidad, querías hacer algo totalmente diferente. Ahí es precisamente donde los pequeños obstáculos pueden resultar sorprendentemente útiles. Las notificaciones push de las noticias se pueden desactivar. Las apps pueden desaparecer de la primera pantalla de inicio. El móvil no tiene por qué estar justo al lado de la cama por la noche. Ninguna de estas medidas impide el «doomscrolling». Y ahí está precisamente la clave. No necesitas un muro de prisión digital. A menudo basta con un pequeño instante entre el impulso y la acción. Si primero tienes que buscar la app, en lugar de tocarla automáticamente, ganas un segundo extra para preguntarte: ¿De verdad quiero saber ahora mismo lo que ha pasado, o solo estoy abriendo el feed por costumbre? Esta distinción puede ser más importante que cualquier indicador de tiempo de pantalla. Porque dos personas pueden pasar cada una una hora consumiendo noticias y, sin embargo, vivir una experiencia totalmente diferente. Uno ha leído conscientemente un reportaje más extenso. El otro ha estado actualizando la página una y otra vez durante 60 minutos, aunque hacía tiempo que quería dejarlo. No solo cuenta el tiempo que pasas frente a la pantalla. También la forma en que lo pasas.
3. Mantente informado sin estar constantemente conectado
El «doomscrolling» no consiste en ignorar sistemáticamente las malas noticias. Precisamente cuando ocurre algo importante, es comprensible el deseo de informarse. Por eso, la alternativa al «doomscrolling» no es la ignorancia. Es la selección. Por ejemplo, puedes centrarte en unas pocas fuentes de noticias fiables, en lugar de seguir la misma noticia a través de diez cuentas, vídeos y secciones de comentarios diferentes. Esto no solo reduce la cantidad de información, sino que también puede evitar que los hechos, las especulaciones, las opiniones personales y los ejemplos aislados dramáticos se mezclen constantemente. Otra pregunta útil es: ¿ha cambiado realmente tanto la situación desde la última vez que miré como para que ahora necesite una actualización? En algunos casos, la respuesta es, por supuesto, sí. Pero a menudo es: probablemente no. Entonces, deja que la crisis siga su curso durante unas horas sin que tengas que seguirla en tu pantalla. El mundo no deja de girar por el hecho de que apartes el móvil. Y no hace falta que sigas cada novedad en tiempo real para estar informado.
¿Cuándo se convierte el «doomscrolling» en un problema de verdad?
Pasar media hora de más en las redes sociales no significa necesariamente que tengas un problema grave de «doomscrolling». Incluso en situaciones excepcionales, tu comportamiento frente a los medios puede cambiar temporalmente. Cuando empieza una gran crisis o ocurre algo que te afecta personalmente, quizá quieras saber con más frecuencia cómo evoluciona la situación. Lo decisivo no es tanto un número concreto de minutos. Lo más interesante es preguntarse: ¿sigues pudiendo decidir por ti mismo cuándo basta?
1. Cuando ya no decides tú mismo cuándo parar
Quizá te propongas regularmente dejarlo antes, y aun así te encuentres cada noche de nuevo en el feed. Dejas el móvil a un lado y, unos minutos después, vuelves a cogerlo. No necesariamente porque busques una información concreta, sino porque quieres saber si ha cambiado algo entretanto. Esa diferencia es precisamente la importante. Leer las noticias es una decisión consciente. En el caso del «doomscrolling», esto puede acabar convirtiéndose en un acto automático: en realidad quieres dejarlo, pero sigues haciéndolo de todos modos. Entonces vale la pena analizar tu propio comportamiento más a fondo, sobre todo si tus intentos de poner límites claros fracasan una y otra vez.
2. Cuando las noticias te provocan miedo y dominan cada vez más tu día a día
Otra señal de alerta es cuando las noticias ya no se quedan en la pantalla. Hace tiempo que has dejado el móvil a un lado, pero sigues pensando en lo que acabas de ver. En el trabajo te cuesta concentrarte. Por la noche quieres dormir, pero vuelves a consultar las últimas noticias. Quizá también notes que tu estado de ánimo depende cada vez más de lo que aparece en tu feed. Entonces ya no se trata solo de que hayas estado navegando demasiado tiempo. El consumo de noticias empieza a afectar cada vez más al sueño, la concentración o el bienestar. Eso no significa automáticamente que haya una enfermedad mental detrás. Pero si ya casi no puedes controlar lo que ves en las redes o si la ansiedad y la preocupación dominan cada vez más tu día a día, puede ser útil buscar ayuda profesional. Porque, al fin y al cabo, el límite no se puede fijar en un tiempo concreto frente a la pantalla. A menudo, hay otra pregunta mucho más reveladora: ¿abres el feed porque quieres saber algo, o porque sientes que tienes que echar un vistazo? Ahí es precisamente donde pasar de informarte a hacer «doomscrolling».











